Estando en la Patagonia no comer cordero...es casi un pecado.
Y comerlo con amigos en su casa es un placer.
El dìa previo a nuestra partida de Comodoro, Oscar hizo en su casa un exquisito cordero del que disfrutamos sintiendo también una especie de anticipada nostalgia por la inevitable despedida.
La pasamos muy bien entre amigos y con amigos de amigos, recordamos a Roberto y las conversaciones telefónicas con Tula.
Cuidado con el profundo bienestar que transmiten estas fotos, gente. Finalmente, de carne somos. Despacito, despacito, vamos migrando de la sintonía bloguera a la envidia más vil.
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